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4 testimonios reales sobre el Camino de Santiago

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La experiencia del Camino de Santiago es de la que todo el mundo habla en algún momento; algunos porque quieren hacerla en un futuro y otros porque ya la han hecho. Sea como sea poder leer testimonios reales es siempre la mejor opción para prepararse.


Peregrinar a Santiago ha sido desde tiempo inmemoriales un trayecto movido por la fe más absoluta de aquellos que veneraban los restos del Apóstol Santiago. Algunos lo hacían por haber sido un noble guerrero y otros porque creían que tenía el poder espiritual de curar o proteger de cualquier mal.

Ahora se ha convertido en un camino de todos y para todos, sin importar la motivación para emprender la aventura, pero sabiendo que es una experiencia auténtica donde las haya. Una aventura que nos lleva a tiempos pasados en los que uno partía de casa con la mochila sin mirar atrás. Y si te animas leyendo este artículo, saca unos cuantos consejos para realizar el Camino este verano y lánzate a la aventura.

Fotografía por Gaetan THURIN vía pexels

Hoy os traemos una sección de las que nos gustan porque nos ponen la realidad ante los ojos, testimonios de algunas personas que han realizado el Camino de Santiago y han querido compartir su experiencia con nosotros, para ver que les ha parecido y qué sensaciones se han llevado para siempre.


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TESTIMONIOS


Viajero experimentado


Oriol es un hombre curtido en el tema de caminar, es como su ocio y entreno diario con amigos, y nos cuenta que decidió emprender la aventura del camino porque cree que el mundo tiene regalos que darnos a cualquier edad.

Hizo el famoso Camino francés desde Roncesvalles hasta Estella en pleno Abril de 2018 acompañado de un muy buen amigo, Fernando. Hablan de días divertidos con mochila a cuestas y provistos de todo lo necesario, porque son de esos que tienen tablas en esto. 

«Amigos en la adversidad, amigos de verdad»

Lo que la panda de amigos pensó en un momento dado.

Recuerdan haberse parado unos instantes para auxiliar a una pareja, porque la mujer que era de Barcelona se había hecho una brecha. Tras eso el marido italiano les preparó los mejores espaguetis en el albergue que han probado hasta ahora, con el punto que ellos sólo conocen.

Pero cuidado porque ha repetido, segunda vez a finales de Mayo de 2019, haciendo parte del Camino aragonés partiendo desde Somport y quedándose en SangüesaY os preguntaréis ¿por qué? Esta vez eran cuatro amigos y por lo visto uno desertó por cansancio, y poco después la panda se tuvo que volver porque otro no podía caminar de las ampollas que habían invadido sus pies, y ya sabéis lo que dicen, “Amigos en la adversidad, amigos de verdad”.

Oriol quiso dormir en albergues desde el principio, porque siente que sin eso la experiencia no sería la misma, y aunque no es lo más cómodo del mundo, y a veces los ronquidos no se ahuyentan ni con tapones, es lo que tiene compartir. Sin embargo, recuerda con mucho cariño haber conversado con holandeses, franceses, daneses y suizos, entre otros.

Y para aquellos que todavía se están decidiendo a vivir esta auténtica experiencia les dice: “Hacedlo sin más, y descubriréis cosas que no sabíais, de la relación con uno mismo, con la cultura y el paisaje”.

Un hombre de espíritu joven que piensa que la vida es adaptarse, disfrutar de los momentos y saber siempre aprender de cada cosa que uno hace. Resume el Camino con una palabra: “SUPERACIÓN”. Nosotros sabemos que todavía le quedan mucha guerra que dar.

Fotografía por Pixabay vía pexels

Viajera con rumbo fijo


Natalia en sus años de instituto y bastante en forma por su estilo de vida, decidió hacer parte del Camino Francés con su madre y su tío, pero se quedó con unas ganas tremendas de vivirlo con amigos, y vaya si lo hizo. Mediados de Septiembre de 2017 con la mochila cargada, la compañía de una buena amiga y dos chicos conocidos, decidió hacer los últimos 100km del Camino Portugués, partiendo desde Tui a Santiago.

«Ya estoy aquí, por favor»

Natalia y sus palabras de satisfacción al llegar a Santiago.

En este último camino fue como ella dice: «chica pija» y reservó meses antes la estancia en albergues privados para asegurarse dormir cubierta. Además tuvo la oportunidad de disfrutar de unos amaneceres difíciles de olvidar.

Guarda en su memoria una de las etapas, porque era interminable, llevaban más de 25 km andando, con la lengua fuera y llegando a un pueblo les entró la risa floja, de esta incontrolable que te hace tirarte al suelo, pero que es la mejor medicina ante momentos en los que te encuentras medio perdido.

También nos habló de una charla muy divertida con un chileno que iba sólo y era enólogo, por lo que se llevaron una buena lección sobre vinos, además de haber visto varios alemanes y españoles durante su trayecto.

Las dos llegadas a la Catedral de Santiago, las vivió de manera muy distinta. La primera vez, sólo quería irse corriendo por el dolor de pies que tenía y la hora y media que llevaba lloviendo, y su tío no paraba de hacerle fotos. La segunda vez, se sintió realizada después de todo, y admiró la Catedral diciendo «Ya estoy aquí , por favor».

Ella tiene claro lo que le diría a cualquier aventurero sin experiencia en el camino: «Échate vaselina en los pies, porque yo no lo hice y te puedes imaginar… No dudes en hacerlo con mochila y disfruta porque no se olvida».

La palabra que define sus dos experiencias en el Camino de Santiago es «INTENSO». Tanto que dice que este año 2021 quiere irse otra vez, y quién sabe si sola, porque cree que todo depende de la mentalidad con la que vayas.

Fotografía por Andre Furtado vía pexels

Pareja de espabilados


Ainhoa y Andrés son unos viajeros que comenzaron la aventura con todo más o menos organizado, tanto que tenían reserva de alojamiento en dos hoteles, porque su idea era hacer las etapas a pie y luego ser recogidos por un taxi para dormir bien a gusto entre sábanas blancas y cama nube.

Curiosamente eligieron el mes de Octubre, con el fresco otoñal. De hecho, es la época en la que más coreanos te puedes encontrar, además de americanos, portugueses y japoneses.

«Si vas a sufrir no vayas»

Un consejo de esta pareja.

Ellos nos cuentan que decidieron hacer el viaje porque no es lo mismo haber viajado en coche y verlo todo con un cristal de por medio, que caminar con todos tus sentidos libres y dispuestos a conocer, la experiencia cambia ¿O me vais a decir que no?

Esta otra forma de vivir el camino la hicieron en dos ocasiones y siempre acompañados de amigos, pero la más importante fueron los últimos 90 km del Camino Francés que coronaron con la llegada a Santiago de Compostela. Ese momento en el que te vas acercando a la zona vieja, con pasos más rápidos debido a la emoción y ves la Catedral, dicen que se abrazaron fuerte y se sentaron en el suelo a contemplarla como nunca antes lo habían hecho.

Ellos recuerdan algunas anécdotas: un día llegaron muertos de hambre y mojados por la lluvia pensando en un restaurante, y se encontraron todo cerrado. Viéndose con la salvación de unos pistachos para subsistir. Otro día y otra anécdota: cuando pasaron por los campos cuando estaban abonando, y el olor que desprendía se lo llevaban puesto con un » no se me quita, esto no se me quita» como la canción.

Se quedan para siempre con andar por pueblecitos abandonados sin nadie y los paisajes cambiantes, en un ambiente distendido entre amigos a los que seguir conociendo después de tantos años juntos.

El consejo que dan a cualquiera es: «Ve bien preparado para cualquier circunstancia, con ganas de andar y disfrutar del camino sin pensar en los kilómetros. Si vas a sufrir no vayas»

Esta pareja de espabilados y buenos de corazón no fueron entrenados, pero aún así concentran lo vivido en dos palabras: “SATISFACCIÓN” Y “ÚNICO”. Ahí cada quien que interprete lo que quiera, pero dicho queda.

Fotografía por Sanaan Mazhar vía Pexels.

Improvisación en equipo


Carla con 21 años y amante de cualquier actividad que sea en la naturaleza, decidió emprender el Camino primitivo con su novio partiendo desde Oviedo y quedándose justo en Lugo… Pero resulta que en el trayecto acabaron siendo un equipo de españoles venidos de todas partes de España, y así sin pensarlo, la vida te da sorpresas.

«INOLVIDABLE»

La palabra con la que Carla define su aventura.

¿Qué tendrá de mágico el camino que a veces aparecen ángeles cuando más lo necesitas? En una etapa, se les hizo tarde, estaban cansados y no encontraban albergue, lo que tampoco les preocupaba, pero una buena mujer les vio y les invitó a dormir en un palacete de casa dándoles una buena cena y desayuno de campeones.

También ha tenido que adaptarse a algunas situaciones, como cuando no hay camas libres en un albergue y en vez de ir a otro, decides dormir en el suelo con tu saco porque ya que has venido a jugar, hay que jugar bien. No tiene queja ninguna, porque piensa que cuando estás cansado duermes en cualquier sitio y encima descansas.

Ella quedó sorprendida de esos momentos en que se formo un grupo de «amiguetes» sin más, porque no ha vuelto a tener esa conexión en la que todos iban a una, sólo por el placer de vivir la experiencia. En la despedida les dio tiempo a crear un grupo de WhatsApp, de lo que Carla se lleva una mejor amiga, de Huelva, y por lo visto es una perla es su camino, pero de vida.

El consejo que no dudó en querer dar a aquellos que todavía no se han ido es:» Es genial, disfrútalo, pero llévate bien de vaselina para los pies. Déjate llevar por la gente y no lleves mucho peso«.

Ella sin duda le ha cogido el gusto y no descarta hacerlo sola, sabe que en realidad nunca lo estará, ya que el camino es de todos aquellos viajeros que se pongan a ello. Además se ha grabado una palabra a fuego en su memoria que quiere seguir diciendo cuando tenga 90 años y le pregunten: «¿Cómo fue la experiencia?» y ella responda: «INOLVIDABLE».

Fotografía por Quang Nguyen Vinh vía pexels

Todos estos testimonio reales nos hacen ver la aventura del camino desde distintos puntos de vista y destinos. Nos han dejado ver que el Camino de Santiago no entiende de edades, entiende de ganas de aventura y de disfrutar sin pensar en los kilómetros que tus pies cansados están haciendo. Así sin más, se llega a la meta que cada uno se pone, que siempre estará bien, porque los límites existen.

Nos hemos dado cuenta que cuando eres joven y tienes ese ímpetu de vivir intensamente, el camino es más improvisado y loco, pero cuando llega cierta edad, llevas todo un poco más atado, no quieres tantas sorpresas, y lo haces sin prisas, y hasta donde llegues has llegado.


Al final es vivir el aquí y el ahora, porque nada volverá a ser igual .