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Cenando en el restaurante tren Al Andalus Expreso

Mesa en el tren Al Ándalus

Cuando escuché oír hablar de un restaurante en las Gabias de Granada dentro de un vagón de tren sabía que tenía que ir y conocerlo cuanto antes. Y así hice. Fuimos en coche desde Granada, y como no sabíamos bien la ruta utilizamos el navegador, que nos llevó perfectamente hasta la puerta del recinto. Recomendaría ir en taxi, para así no tener que coger el coche para llegar hasta allí y volver cogiendo el coche tras tomar un poco de vino. Entre cuatro personas sale muy bien de precio. De otra manera tendréis que hacer una buena y larga sobremesa o que decida no beber quien conduzca.

El ambiente del sitio y la decoración es muy esmerada, así como la historia del tren. Por lo visto uno de los vagones (son 2 vagones) perteneció a un importante convoy en el que fueron desde Franco hasta la reina de Inglaterra, nada más y nada menos. Estar dentro mientras cenas es teletransportarte a otra época, ya que la decoración, quizás de los años 40, está más que conseguida. Hasta el baño merece una visita, ya que tiene muchas piezas originales. No dudéis interesaros por su historia, os la contarán muy amablemente.

El trato del restaurante es exquisito. Para empezar no doblan las mesas, si reservas una mesa sabes que estará para ti toda la noche. Eso es muy profesional, y no muchos restaurantes lo hacen. Por otro lado, la manera en la que te hablan, te cuentan la historia del tren o te hablan de la comida y los vinos es sin duda mano de gente con mucha experiencia. Cercano pero no pesado, atento pero dejando espacio.

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En cuanto a la comida probamos varios entrantes, uno de ellos fue la ensalada con queso brie con crujiente de frutos secos, beicon y vinagreta de frambuesa. Fabuloso. La selección de quesos también estaba deliciosa (y qué presentación). Nos quedamos con ganas de probar el foie con picada de fruta y tostas. Será la próxima. De plato principal disfruté del solomillo de cerdo con salsa a los cuatro quesos. Un plato sencillo y que cumplió las expectativas. Mientras tanto acompañábamos con vino de la tierra. Para terminar, de postre un sorbete de limón que entró de escándalo. Una gran cena, variada y bien de precio, ya que los platos cuestan todos más o menos lo mismo, y esto es algo que valoro mucho. De media pues eso, de diez a catorce euros por plato.

Creo que este restaurante si estuviera al lado de Granada y no en las Gabias estaría lleno todo el año, con una larga lista de espera. Disfrutadlo porque cosas tan poco convencionales se cuentan con las manos de los dedos, y un día lo cierran y puf, te quedaste con las ganas. Así que ya sabes, una cita romántica, un cumpleaños, un día importante o una noche de fin de semana; cuenta con este magnífico rincón para cenar.