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Cómo ligar en Instagram de la mano de 6 testimonios reales

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Ligar ha cambiado tanto como nosotros. INSTAGRAM ha llegado para contarnos cómo se lo monta para que surja un posible amor entre historias, likes, mensajes directos y fotos.


Quizás conocer gente nunca ha sido tan fácil como ahora, hasta cuando no te lo esperas aparece alguien. Instagram es de esas redes sociales en donde las fotos que publicas ya parecen ser una presentación de quién eres ante los demás, sin abrir la boca. Una app que se merecería uno de los mejores puestos en las apps de moda para ligar.

A día de hoy, eso parece ser suficiente para que haya unos primeros likes y mensajes directos a través de una pantalla. Dar «Me gusta» se ha convertido en la manera de hablar sin mediar palabra, y seguro que más de uno lo agradece, pero a la hora de la verdad todo se demuestra a la cara.

Fotografía por Oladimeji Ajegbile vía pexels

¿Una manera superficial de ligar y juzgar previamente a las personas? Sí, pero para que nos vamos a engañar, todos lo hemos hecho alguna vez. Somos humanos guiados por conexiones visuales, físicas y mentales. ¡Eso sí! Cada uno elige el orden.

Hoy os traemos una sección de las que nos gustan: 6 testimonios de personas que han ligado por Instagram, y que han querido compartir su experiencia con nosotros, para contarnos cómo han acabado sus historias. Aquí hay historias que se quedan en el aire, historias que tuvieron final e historias que duran toda una vida.


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Maya y Guille: ligoteo de manifestación


Maya era esa chica que creía en la lucha por los derechos y lo demostró yendo a una manifestación con una amiga. Ese mismo día recibió un mensaje inesperado de un seguidor desconocido que tenía en Instagram, que decía: «Estás en la mani?» y empezaron a hablar. De hecho, a ella le debió de gustar de verás porque se olvidó hasta de preguntarle su nombre, enterándose meses después de casualidad, con un «ah qué te llamas Guillermo».

» Estoy por aquí «.

Maya y su mensaje espontáneo

Desde ahí todo fluyó como la espuma, mensajes directos contándose la vida, proyectos, hobbies, y desde el principio mediante fotos para mostrar de manera más cercana quiénes eran.

Un día, ella acudió a la manifestación del 8M, y como quién no quiere la cosa y la mente juega buenas pasadas, le envió un mensaje de: ¡Estoy por aquí! y el contestó: ¡yo también!, y pum… se vieron las caras por primera vez. Ella dice que fue una situación de lo más natural, como si se conocieran de toda la vida. Él vino a verla a ella exclusivamente como descubrimiento, justo antes de irse de viaje.

Para ellos, desde aquel 2017 todo fue hablar por rachas, manteniendo la curiosidad, pero después de esos vaivenes de la vida en los que cada uno tuvo sus historias, 2021 les ha vuelto a juntar, con ganas, y resulta que ambos pensaban que quizá después de todo la cosa se habría enfriado y madre mía… Ahí había fuego por los cuatro costados.

Guillermo(24 años), sigue siendo un chico al que le gusta estar en los fogones, y Maya(22 años) siempre anda colgada cabeza abajo como buena trapecista. Ambos con un feeling que olvida el tiempo y el lugar en el que puedan estar, y su historia sólo acaba de empezar.

Fotografía por Cottonbro vía pexels

Sara y Ángel: una cita a base de likes


Verano de 2018, Sara (17 años) responsable y metida en todos los jaleos importantes, recibió una petición de seguimiento en Instagram de un chico llamado Ángel(18 años), estudiante de artes de último curso, que ella con su buen ojo ya había fichado en el instituto. Ese día le aceptó, ella dice que porque tenían amigos en común, pero ya había algo ahí.

Él decidió empezar con indirectas dando «like» a sus fotos, hasta que le mandó un mensaje directo tanteando el terreno y ella le dejo hacer para ver a dónde quería ir. Su sorpresa fue que dos días después estaban frente a frente, paseando, conociéndose y cenando comida china en un césped del Templo de Deboth.

Ángel quiso quemar su último cartucho para el beso y la acompañó al portal de su casa, y en el último momento… ¡ZAS! corona con beso. Ángel feliz como una perdiz, y Sara cómoda pero no convencida.

Siguieron hablando pero jamás volvieron a quedar, no sabemos si fue la estatura o que las conexiones que sintieron estaban años luz de ser las mismas. Ángel sigue escribiendo algunas veces para saber cómo va todo, en parte porque se le quedó esa espinita de «me gustaba», y Sara agradece el gesto, pero hasta ahí.

Fotografía por Eko agalarov vía pexels

Lucas y Bea: medias tintas


Lucas tenía 19 años cuando le presentaron a Bea de 16 años, y ya desde ese momento le interesó, porque dice que le transmitía esa alegría y buen rollo que creaba para romper el hielo. Dos años después se crearon Instagram y se siguieron como quien no pretende nada. En esos años hubo «likes» y alguna que otra contestación a alguna historia.

Lo cierto es que durante años se vieron cara a cara otra veces en fiestas de conocidos y amigos. Las palabras surgían solas y se contaban un poco el momento que estaban viviendo. Ya se sabía que él tenía pareja desde hacía un tiempo, pero siempre notaban algo entre ellos…

En el verano de 2019, la química ya no se podía esconder, gracias a una fiesta en la que él no dudó en acercarse a ella y dejarle claro que quería conocerla de alguna manera y que ya no estaba con nadie. Los besos y las citas llegaron sin miedo, pero Bea se iba de Erasmus.

En ese año no pararon de hablar, era como de esas personas que no quieres dejar pasar. Cuando ella volvió, decidieron seguir viéndose. A lo fácil, ya eran dos años conociéndose en la distancia y en la cercanía, se gustaban y no paraban de descubrir cosas nuevas del otro, pero lo cierto es que estaban en puntos muy distintos, y hablaron de ello.

Bea con 22 años quería centrarse en su futuro como periodista y seguir conociendo gente, y Lucas, de 25 años quería más porque notaba que la complicidad era real y que la sentían.

Al final se despidieron, bueno más bien fue un hasta pronto para ambos, porque resulta que todavía se siguen viendo. No son amigos porque las miradas no engañan, y siempre tienen en la boca un » la vida dirá», quizá en un tiempo, quizá siendo otra versión de ellos mismos, quizá…

Fotografía por Jonathan Borba vía pexels

Amanda y Abel: breve confusión


Un día de Agosto, en una fiesta de las que pasan a la historia, unos amigos presentaron a Bianca y Abel, con un simple «Hola». En esa noche cruzaron alguna que otra palabra con copa en mano y poco más. Días después, estaban siguiéndose en Instagram, y él ya movió la primera ficha contestando con emoticonos a una historia colgada por Amanda.

En los meses de confinamiento, se volvieron a contestar a una historia de forma mutua y él decidió empezar una conversación, a la que ella accedió, y poco después ya estaban hablando directamente por WhatsApp de forma más cómoda. Un mes compartiendo palabras y frases de química no muy clara, hasta que Abel la invitó a quedar.

Allí estaban, sentados en una terraza cerca del centro con unas cervezas y la compañía del otro. Ella lo recuerda simpático, vacilón y culto, teniendo en cuenta que iba expectante con esos nervios de a ver qué pasa… Él fue sin pretensiones, dispuesto a dejarse fluir, pero la recuerda alegre y de carácter fuerte.

Todo se quedó en eso, no pasó nada, y si en algún momento se vuelven a ver por aquellos amigos que les presentaron, esto ya lo habrán olvidado.

Fotografía por Kindel Media vía pexels

Irene y Adrián: amistad incierta


Irene tenía 20 años por esta época y era muy dicharachera. Un día recibió un mensaje privado de Adrián, 24 años, y tuvo el impulso de responder sólo porque ese mensaje era distinto, como si ella hubiese tenido una intuición. Desde ahí, el feeling fue en aumento, tres meses hablando por MD sobre temas actuales, de pareja y conociéndose.

Sin darse cuenta , ya se habían dado el número y estaban hablando por WhatsApp sin parar. Y por fin quedaron, ella dice que Adrián era alegre y como muy cariñoso de primeras, pero resulta que ella no se quedaba corta.

Después de una primera cita, las siguientes vinieron solas; Madrid, Segovia y Toledo fueron algunos de los lugares donde la conexión se iba formando, pero ahí no quedaba todo, hoy terracita, mañana montaña, al otro exposición. Parecía que la cosa cuajaba y todavía no había llegado el beso…

Ahora cinco años después, ya curtidos en el tema del amor, siguen viéndose porque se dieron cuenta que su relación más que tornar a pareja, se quedaba en amigos. Aunque Irene es partidaria del «nunca se sabe» depende del momento, y como se sientan.

Esperamos que si ese futuro posible se da, nos lo cuenten para añadir unas líneas más a esta historia.

Fotografía por Jeswin Thomas vía pexels

Ramón y Laura: todo o nada


Era 2020, cuando Ramón, casi policía y Laura, psicóloga, se conocieron. Él la empezó a seguir en Instagram por ese afán de conocer gente y ella le aceptó. Lo curioso es que ya se habían mirado en algún momento, pero no se habían fijado. No tardaron en llegar los «likes», pero parecía que no había nada.

» Tengo 20 temas que estudiar y en total son… 654###784 páginas».

Ramón y su sutil directa indirecta

Una tarde-noche improvisada con un amigo y unas copas para olvidar alguna que otra pena, Ramón vio una historia de Laura, en la que había inmortalizado un peinado, y con ese puntillo pícaro le mandó este emoticono ( dibujo del emoticono) y ella escribió: «A mi tampoco me gusta nada».

Fue el detonante perfecto para empezar una conversación, pero aunque todo parecía fluir, no estaba claro si terminaba de haber ese interés. Sin embargo, seguían, como quien se toma un primer café todas las mañanas y lo saborea poco a poco.

Ante esto, él decidió que la mejor manera de saberlo era siendo sutil y directo al mismo tiempo, camuflando su número en una frase:» Tengo 20 temas que estudiar y en total son… 654###784 páginas». Su sorpresa fue que ella se hizo un poco la loca, y luego ya entendió que Ramón era de los que se lo curra si está inspirado. Hablar por WhatsApp les demostró que había algo que no podían negar…

Finalmente, quedar fue lo mejor que pudieron hacer para acabar de entenderse. Una cita en un sencillo banco donde notar ese feeling a través de su natural cercanía. Ahora son un tándem de amor del bueno, y funcionan porque están dónde quieren estar, al lado del otro. Se han dejado ser, sin más.

Fotografía por Drew Rae vía pexels

Todas estas historias, hayan continuado o se hayan quedado por el camino, tiene algo en común: Son un recuerdo nítido en la mente de cada una de las personas que han abierto un pedacito de su vida con nosotros.

AL FINAL ES AMOR; AMOR QUE SE VA, AMOR QUE NUNCA SE SABE, AMOR DEL BUENO.