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Nuestra experiencia volando en globo por Granada

volar en globo en granada

Siete y media de la mañana en el mirador de San Miguel Alto junto a la ermita, punto desde donde el globo reservado saldría. El vuelo y las condiciones estaban preparadas para cruzar toda la ciudad, quedando la Alhambra a la izquierda, llegar hasta Plaza de Toros y tras esto aterrizar en la zona de la Vega.


Al contrario de lo que muchos puedan pensar, el globo no se conduce, sino que va a la deriva, eso sí, a la altura deseada y muy tranquilamente. Pues ese era el plan, cruzar Granada enterita.

A la hora estábamos allí, cuando el Sol no había salido y la ciudad tenía sus preciosas y románticas luces. Fuimos en taxi ya que no disponíamos de coche propio. Desde el centro nos costó unos 8-9 euros a esa hora. Estábamos preparados para el frío por supuesto con guantes y abrigos. Tras saludar a los demás compañeros de vuelo, junto al piloto y su compañero, comenzamos la tarea de preparar el equipo.

Experiencias de vuelo en Globo

Preparar el globo es una experiencia muy chula que no esperábamos, pues en tu cabezas te imaginas ya un globo preparado para montarte y volar, sin embargo esto no era así, permitiéndonos descubrir un punto más de cercanía con el equipo con el que vamos a volar. Saber cómo se infla es muy interesante. Aunque no era obligatorio, nos encantó echar una mano.

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Una vez listo y sabidas las normas de seguridad, que tampoco eran muchas, nos subimos al cesto y a disfrutar. El vuelo fue muy tranquilo, la cesta se sentía muy firme y por tanto, daba la sensación de estar en un mirador más que en un artefacto volador. La altura del vuelo, si no recuerdo mal, eran unos 400 metros de altura.

Aunque hacía fresquito el calor del quemador nos hacía de calefacción, por lo que estábamos bastante agradable allí. Las vistas eran merecedoras de todos los adjetivos positivos que podáis imaginar, Leonardo Da Vinci lo habría dado todo por vivir lo mismo en su época.

Para aterrizar, nos aproximamos a una finca y al igual que todo el vuelo, aunque esta vez en posición de seguridad, de forma muy suave nos posamos en el suelo. Llegó el compañero en furgoneta, con el que se iba comunicando el piloto por radio, y entre todos colaborando una vez más, plegamos el globo.

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Por último, acabamos desayunando en un hotel comentando el vuelo y recibiendo un diploma de bautismo en vuelo de recuerdo. Serían las 12 de la mañana y nos quedaba un feliz día por delante, ya que la experiencia te deja un gusto que tarda días en irse. 

Volar en globo es una forma romántica y auténtica de volar, y si además os gusta hacer fotografías, os maravillará.