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¿Qué es el canibalismo emocional?

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En las tribus que practican el canibalismo, no matan a su presa, la retienen y van quitando partes, con el fin de mantenerlo con vida el mayor tiempo posible, no con la intención de ser cruel y hacer sufrir, sino únicamente por utilidad.

En las relaciones de pareja sucede algo parecido llamado canibalismo emocional y relacionado con este tendríamos la responsabilidad familiar. Dos dinámicas muy habituales en las parejas y que se hace fundamental detectarlas y pararlas a tiempo.


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¿Qué entendemos por canibalismo emocional?

En algunas relaciones, cuando alguno de los dos miembros tiene dudas acerca de si continuar o no con la misma – ya sea porque haya conocido a alguien, se sienta agobiado o ya no sienta lo mismo – se suele entrar en esta dinámica de canibalismo emocional. La persona comienza con idas y venidas, empieza a dejar de prestar atención a su pareja, se muestra distante, deja enfriar la relación sin llegar a hablar claramente de ello y sin ser consciente de lo que provoca.

¿Qué es la responsabilidad familiar?

Al contrario del canibalismo emocional, afloran estas dudas en uno de los miembros de la pareja y aparece un sentimiento de preocupación por las posibles repercusiones que pueda llevar la resolución de ésta situación.

Éstas circunstancias pueden provocar cambios en la pareja que pueden llegar a ser dolorosos. En el caso de tener hijos se es consciente del impacto que puede provocar romper la relación.

En este proceso de toma de una decisión pueden originar conductas ambivalentes en éste miembro de la pareja fruto de la indecisión, con idas y venidas, ya que no se ve capaz de tomar la decisión hasta estar convencido de ello.

¿Cuándo se da?

En los primeros meses de una relación no se puede predecir el curso de como seguirá esa pareja, si será una relación sana o no, pues al principio todo parece perfecto cuando la fase de enamoramiento está en auge.

Esto es debido al fenómeno de ‘El superávit‘, que se da cuando en el comienzo de la relación las emociones positivas son muy abundante. Esto lleva a enmascarar otras muchas conductas o emociones negativas, que son amortiguadas y compensadas por lo positivo.

Las pocas conductas negativas son pasadas por alto por los miembros, produciéndose un sesgo interpretativo negativo, donde conductas inadecuadas como celos o comportamientos que pueden desencadenar en futuro maltrato pueden llegar a interpretarse como frutos del fuerte amor que siente tu pareja hacia ti.

Cuando son relaciones largas en algunas ocasiones se descuida la relación, se puede llegar a caer en una monotonía o pueden no saber resolver los conflictos adecuadamente.

La suma de estas circunstancias puede llevar a estos dos acontecimientos que explicaremos a continuación.

Consecuencias

En estas dinámicas de pareja suele haber dos posiciones claras, la persona que lo práctica puede no ser consciente de que lo está haciendo, sin el más mínimo deseo de infligir dolor (a veces pretendiendo todo lo contrario) y en el caso de la responsabilidad familiar puede sentir una intensa angustia y preocupación fruto de la indecisión.

Sin embargo, en el otro miembro de la pareja, entendido en ésta situación como la víctima, pueden surgir pensamientos de sentirse usado, consumido haciendo el símil con las tribus caníbales, se puede sentir como si hubiese sido devorado por su pareja.

Una de las emociones más comunes que afloran es la ira hacia la otra persona, el dolor o incluso la incertidumbre acerca de los motivos que han llevado esto. Fruto de estas idas y venidas pueden emerger muchas inseguridades en este miembro de la pareja, pero es importante recordar que cualquier sentimiento fruto de éstas situaciones de pareja es válido y normal.

¿Cómo lo detecto?

Cuando se producen estos fenómenos, se suele observar una comunicación disfuncional, algunas de las situaciones típicas donde se puede ver este patrón de comunicación son las siguientes:

  • Tendemos a percibir los mensajes del otro de manera negativa.
  • “Diálogos de besugos”, donde se produce una mayor tasa de conductas verbales y no verbales negativas, no escuchan al otro miembro la mayor parte del tiempo.
  • Suelen reinterpretar los mensajes y expresar de forma inadecuada los sentimientos negativos.
  • Son más desafiantes, pudiendo verse que se lamentan más de lo que lo harían con otras personas, convirtiendo a la otra persona en únicamente un paño de lágrimas.
  • Más reciprocidad de conductas negativas, sobre todo ante los intentos de solución de problemas.
  • Incongruencia entre lo que se dice y como se dice.
  • Indiferencia hacia los sentimientos y pensamientos de la pareja.
  • Distribución de poder distorsionada o nula, lo que puede llevar a complementariedad rígida donde cada miembro en lugar de evolucionar se queda estancado.
  • No hay intercambio abierto de información.
  • Se busca más tener razón que una solución al problema.

¿Qué debo hacer?

Cuando se está sumergido en estas dinámicas de pareja, puede resultar difícil salir debido a la intensidad que implica y la cantidad de sentimientos que afloran.

Una frase que debe ser recordada es que para tener una relación sana es necesario tener conversaciones incomodas. Con esto lo que se pretende explicar es que para poder salir de esas dinámicas bien sea para poner fin a la relación o para continuar de una manera más adecuada es necesario hablarlo, exponer como se está sintiendo y plantear las conductas que se están observando y que no se comparten, ni están de acuerdo con ellas.

Clave del éxito de la relación

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En toda relación puede haber momentos que se puedan considerar como una relación insana, pero la clave es que esto no sea la norma de la relación.

En una relación sana los miembros deben sentir una satisfacción personal por formar parte de esa pareja, debe convertirse en un equipo que posibilite el crecimiento personal de ambos, así como permitiendo cierta independencia y autonomía, debe gozar de un apoyo recíproco y poder compartir momentos juntos, disfrutando de vuestra compañía.

Artículo por Marta Ponce, graduada en psicología por la universidad de Huelva.